A partir de las imágenes de su infancia frente al mar, la cineasta Viridiana Ponce González crea La sal de mis recuerdos, una película que convierte la memoria personal en una reflexión colectiva sobre el territorio y la identidad, a través de una narrativa en la que los sueños y los paisajes se integran a un relato compartido.
En la realización se privilegia la experiencia humana y los vínculos emocionales alrededor del paisaje. Para lograrlo, incorpora elementos de docuficción, secuencias oníricas y distintos planos temporales que permiten que la memoria dialogue con el presente.
El proyecto tiene un equipo creativo integrado por mujeres. La decisión responde tanto a una búsqueda artística como al interés de fortalecer redes de colaboración dentro de una industria en la que persisten brechas de género.
Para la directora de La sal de mis recuerdos, el acceso a estímulos dirigidos a personas afrodescendientes y pertenecientes a pueblos originarios resulta fundamental para ampliar las formas de representación dentro del cine mexicano contemporáneo.
La sal de mis recuerdos preserva la memoria de una comunidad afromexicana y, a la par, establece un diálogo entre pasado y presente para reflexionar sobre aquello que permanece cuando los espacios se transforman.







